Valorar una empresa no consiste solo en aplicar una fórmula o introducir datos en una hoja de cálculo. De hecho, muchos de los errores más habituales en una valoración no vienen de los números, sino del enfoque: qué método se elige, qué supuestos se dan por válidos o cómo se interpreta el resultado final. Por eso es frecuente encontrar valoraciones técnicamente bien calculadas, pero poco realistas o difíciles de defender.
Entender dónde se suele fallar es el primer paso para obtener una valoración coherente, útil y alineada con la realidad de una empresa. Hoy hablamos de los errores más habituales al valorar empresas.
Usar un único método de valoración y darlo por bueno
Uno de los errores más comunes es aplicar un solo método de valoración y asumir que el resultado obtenido es “el valor real” de la empresa. Esto ocurre tanto con métodos sencillos, como el valor contable, como con otros más complejos, como el descuento de flujos de caja.
Cada método mide una cosa distinta: el patrimonio, la rentabilidad relativa frente al mercado o la capacidad futura de generar caja. Pretender que uno solo capture toda la realidad del negocio suele llevar a conclusiones parciales o sesgadas.
Para evitarlo: siempre que sea posible, conviene calcular varios métodos y analizarlos de forma conjunta. La comparación entre enfoques no es una debilidad, sino una herramienta para entender mejor el rango razonable de valoración. Estos son los métodos de valoración y cómo funciona cada uno:
- Descuento de Flujos de Caja (DCF): analiza la capacidad futura de la empresa para generar caja, incorporando crecimiento, márgenes y riesgo. Es potente, pero muy sensible a las hipótesis utilizadas.
- Múltiplos de mercado: mide el valor en relación con empresas comparables, según lo que el mercado está dispuesto a pagar. Es rápido, pero depende mucho de la calidad de los comparables y del momento del mercado.
- Valor contable o patrimonial: refleja el valor de los activos netos que aparecen en el balance, con o sin ajustes a mercado. Marca un suelo mínimo, pero no recoge expectativas futuras ni intangibles.
- Métodos combinados (por ejemplo, DCF + múltiplos): ofrecen una visión más equilibrada, combinando análisis interno y referencias externas. Requieren más criterio, pero aportan valoraciones más coherentes y defendibles.
Aplicar métodos que no encajan con el tipo de empresa
No todos los métodos sirven para todos los negocios. Sin embargo, es habitual ver valoraciones donde se aplica el mismo enfoque independientemente del sector, el tamaño o la fase del ciclo de vida de la empresa.
Por ejemplo:
- Usar un descuento de flujos de caja en microempresas sin histórico fiable.
- Valorar una startup solo por su valor contable.
- Ignorar el peso de los activos en empresas patrimoniales o inmobiliarias.
- Cuando el método no se adapta al perfil de la empresa, el resultado pierde sentido, aunque los cálculos estén bien hechos.
Cómo evitarlo: antes de valorar, es fundamental analizar el tipo de empresa, su modelo de negocio y la información disponible. A partir de ahí, se seleccionan los métodos más adecuados y se descartan los que no aportan valor en ese contexto. En términos generales:
Según el tamaño de la empresa
- Microempresas y pymes pequeñas Suelen tener información limitada y proyecciones poco fiables. Tienen más sentido los métodos patrimoniales y los múltiplos, usando el DCF con mucha cautela.
- Empresas medianas y consolidadas Cuentan con histórico suficiente y flujos más estables. El descuento de flujos de caja gana peso, apoyado por múltiplos para contrastar resultados.
- Startups y empresas jóvenes El valor contable aporta poco y los beneficios suelen ser inexistentes. Se priorizan escenarios de crecimiento, DCF a largo plazo y referencias de mercado, siempre como rangos.
Según el sector de actividad
- Empresas intensivas en activos (inmobiliario, industria, transporte): el valor patrimonial marca un suelo relevante.
- Negocios orientados a resultados recurrentes (servicios, comercio, industria madura): funcionan bien los múltiplos de EBITDA o ventas, contrastados con DCF.
- Empresas tecnológicas o digitales: el valor depende más del crecimiento y la escalabilidad que del balance, por lo que los métodos dinámicos y comparativos tienen más peso.
Según el objetivo de la valoración
- Compraventa o entrada de socios: los múltiplos de mercado facilitan la negociación, apoyados por DCF para justificar expectativas.
- Planificación estratégica o análisis interno: el descuento de flujos de caja es el método más útil para evaluar decisiones futuras.
- Herencias, sucesiones o liquidaciones: el valor patrimonial cobra protagonismo por su enfoque conservador y defendible.
No revisar las hipótesis detrás de los números
En métodos como los múltiplos o el descuento de flujos de caja, los resultados dependen directamente de las hipótesis utilizadas. Pequeños cambios en variables como el crecimiento esperado, los márgenes, el coste del capital o los comparables de mercado pueden alterar de forma significativa el valor final.
El error habitual es aceptar estas hipótesis como “razonables” sin contrastarlas con la realidad del negocio o del sector.
Cómo evitarlo: las hipótesis deben revisarse con criterio y sentido común. Conviene preguntarse si los crecimientos proyectados son realistas, si los múltiplos usados corresponden a empresas comparables y si la tasa de descuento refleja realmente el riesgo del negocio. Es aconsejable también trabajar con rangos de valoración y no con un único valor como cierto.
Dar por válido el resultado sin contrastar métodos
Otro fallo frecuente aparece cuando los distintos métodos arrojan valores muy diferentes y, aun así, se elige uno de ellos sin analizar las causas de esa diferencia. Esto puede dar lugar a valoraciones difíciles de justificar en una negociación o ante terceros.
Las divergencias entre métodos no son un problema en sí mismas; al contrario, suelen aportar información sobre las características del negocio, pero desde diferentes enfoques.
Si quieres evitarlo: cuando los valores difieren, es importante analizar por qué ocurre y qué está reflejando cada método. En muchos casos, la solución no es elegir una cifra concreta, sino trabajar con un rango de valoración razonable y bien argumentado.
No documentar ni justificar la valoración
Una valoración sin explicación suele generar desconfianza. Da igual que el resultado sea correcto si no se puede justificar con datos, criterios claros y un razonamiento coherente.
Este error es especialmente crítico en contextos como compraventas, herencias, entrada de socios o negociaciones con terceros, donde el valor debe poder explicarse y defenderse.
Para protegerte: toda valoración debería ir acompañada de una explicación clara: métodos utilizados, supuestos clave, resultados obtenidos y motivos por los que se considera razonable el valor final o el rango propuesto. Para justificar una valoración debes documentar, como mínimo:
- El objetivo de la valoración: venta, entrada de socios, análisis interno, herencia, etc.
- Los métodos aplicados y por qué se han elegido: explicando por qué encajan con el tipo de empresa y descartando otros.
- Las principales hipótesis utilizadas: crecimiento, márgenes, tasa de descuento, múltiplos o ajustes relevantes.
- Los resultados obtenidos por cada método: incluyendo diferencias entre ellos, no solo la cifra final.
- La interpretación del valor o del rango propuesto: justificando por qué se considera coherente con la situación real del negocio.
Cómo evitar estos errores en la práctica
Evitar estos fallos no requiere complicar innecesariamente el proceso, sino trabajar con orden y criterio. Un enfoque práctico consiste en:
- Analizar previamente el tipo de empresa y el objetivo de la valoración.
- Aplicar varios métodos adecuados al caso concreto.
- Revisar y contrastar las hipótesis utilizadas.
- Comparar resultados y extraer conclusiones coherentes.
- Documentar el proceso para poder justificar el resultado.
Contar con una guía estructurada y con herramientas que permitan calcular y comparar métodos de forma ordenada facilita mucho este trabajo y reduce el riesgo de cometer errores que puedan distorsionar el valor real de la empresa.
Enrique Serrano
Soy Enrique Serrano Fuentes, un emprendedor y experto en Excel con una sólida trayectoria en el sector financiero corporativo. He orientado mi carrera hacia lo digital y emprendedor, y actualmente colaboro con Plantillas Pyme. Me especializo en crear herramientas y recursos prácticos para la gestión empresarial, combinando mi formación en economía, finanzas y marketing con una pasión por la innovación y el desarrollo de negocios.
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